En la pasión, amor y dolor... de un Hincha
Crónica de un Hincha...
Corría el año 2004, Yo con apenas 11 años y un fanatismo por la blanquiazul apunto de estallar. Había querido siempre ir al estadio, mi viejo, como siempre no tenía tiempo.
Desde muy niño me sentí atraído por los colores: azul y blanco, a pesar de que en mi familia, esos colores no eran del todo muy bien recibido.
En mí familia, la mayoría eran hinchas de otros equipos, mis primos: Sporting Cristal, mis tíos: Universitario, y mi abuelo nada más ni menos que del Municipal.
Quizás la única razón que une a un padre con su hijo, es el de poder compartir una pasión, una adicción, un compromiso con respecto algo. Esa pasión, esa adicción que compartimos, era el de ser hinchas del Alianza Lima.
Cuando nos dirigíamos hacia la puerta de Oriente, un grupo de "revenderores" nos advirtió que ya no habían entradas para esa zona y que al ver mi camiseta, recién comprada en los exteriores del estadio, nos dijo que tenía un par de entradas para sur. Un sujeto, de aquel grupo, nos acompaño hasta la puerta de la entrada de Sur, a medida que caminábamos se nos iban acercando más y más revendedores, "un jefe", "Tengo dos pa sur", "mire nomas", "recontra barato", se hacían presentes en cada paso. Una vez que llegamos, mi padre, sacó de su billetera un par de "Quiñones" y se los entregó aquél sujeto. A cada paso que dábamos se iba escuchando un himno que hacía temblar a toda la estructura del Nacional: «Como todos los años, está hinchada está tarde a venido, para quedarse a tu lado, para quedarse contigo... Ser de Alianza es una pasión diferente que para siempre, llevo conmigo...» y el bombo y las trompetas se iban sincronizando en un hermoso ritmo. En eso salieron los jugadores al campo, se encontraban en aquél plantel aliancista figuras como: Jayo, Pepe Soto, el Chicho Salas, Butrón, Maestri, entre otros, mientras que en el cuadro rimense: el camello Soto, Bonnet, Prado, Delgado, etc.
«Corazón Alianza Lima, corazón para ganar a la Victoria volveremos para verte campeonar...»
Se iba escuchando todo el cántico del Comando Sur, tanto era la euforia que practicamente nos obligaron, a mi y a mi padre a ponernos a cantar y estar de pie todo el tiempo. En eso vino un grito que hizo saltar a toda la tribuna «Goooooooool» «Golasoooooo»
Jayo había marcado el primero para Alianza, nos poníamos en ventaja y en eso otro grito se escuchó, pero esta vez venía de la tribuna de al frente, Sporting Cristal había marcado el empate. Poco a poco los minutos iban pasando y mi ansiedad de ver que Alianza consiga la victoria se hacia incontrolable.
Llego el segundo tiempo y a los pocos minutos, Alianza lima marcó el segundo, mi emoción de ver victorioso a mi equipo comenzaba a desbordarse, luego llegaría el tercero y con eso prácticamente el triunfo era nuestro, pero faltando un par de minutos para que se acabará el partido, llegó el empate, parecía que los celestes no querían rendirse y animados por el gol del Camello, se fueron a jugarselas con todo y por todo. En eso faltando segundos para terminar el partido, llegó el descuento de Prado... El partido había acabado y Sporting Cristal había ganado. La decepción, la frustración y la cólera de sentir que el partido se nos había escapado, me había liquidado... de pronto, mi viejo, al ver mi cara de tristeza me dijo «Fue un gran partido, hijo, No importa si no ganamos, lo importante es haber venido hasta aquí para alentar al equipo, la vida es así y siempre nos da revanchas...» eso fue lo que me dijo, mi viejo, al salir del estadio. Quizás aquella tarde no entendía el significado de esas palabras, no comprendía o simplemente no quería comprender aquéllo , pero con el tiempo pude entenderlo. Aquella tarde de Setiembre del 2004, al salir del Nacional, nos fuimos a comer a una polleria cerca al Centro de Lima. Mi viejo esa tarde, sin saberlo, me dio una gran lección que no olvidaría por el resto de mi vida. Me enseñó amar pese a la derrota, pese al triunfó, a un equipo que hasta ese momento solo era una simpatía por parte mía, asimismo, me enseñó a respetar al rival, sin importar quien fuese, pero sobre todo me enseñó que el amor en el fútbol, como en la vida, nos lleva por momentos buenos, por momentos sublimes, pero también por momentos malos ó por momentos bajos.
Más tarde ese mismo año, Alianza Lima saldría Bicampeón del fútbol peruano y nada más ni menos que venciendo al Sporting Cristal y en el mismo estadio nacional.
«Revanchas da la vida...» Alguien me dijo, aquella noche, en el mítico Estadio Nacional.
«Así es el amor por una camiseta, así es el amor por un corazón y no hay razón alguna que pueda entenderla...»
Desde muy niño me sentí atraído por los colores: azul y blanco, a pesar de que en mi familia, esos colores no eran del todo muy bien recibido.
En mí familia, la mayoría eran hinchas de otros equipos, mis primos: Sporting Cristal, mis tíos: Universitario, y mi abuelo nada más ni menos que del Municipal.
Quizás la única razón que une a un padre con su hijo, es el de poder compartir una pasión, una adicción, un compromiso con respecto algo. Esa pasión, esa adicción que compartimos, era el de ser hinchas del Alianza Lima.
A pesar de que mi padre no me podía llevar, aun así mantenía las esperanzas puestas de que ya buscaría la manera de ir al estadio.
Hasta que llegó el día soñado, recuerdo que un Domingo de Setiembre, después de desayunar, mi padre, muy entusiasmado me dijo: "Y si nos vamos al estadio, eres de Alianza, ¿cierto?..."
Aquél instante, mí cara comenzó a sonrojarse, pensé que me tomaba el pelo y al tratar de mantenerme firme, aunque no pude, dije « Claro que si, vamos pues»
Y sin más que decir partimos hacía el antiguo estadio nacional.
Una vez que llegamos vimos pasar, cerca a la entrada que daba a Polvos Azules, a una enorme turba de morenos que se enfrentaban a palos y piedras contra un grupo de la barra "celeste". En ese momento no pude contener mi miedo, ya que nos encontrábamos a unos cuantos metros del enfrentamiento, la policía montada y las tropas de asalto (conocidos como los "Robocops") repartían golpes y petardos al aire, tratando de esa manera disuadir a los barristas.Cuando nos dirigíamos hacia la puerta de Oriente, un grupo de "revenderores" nos advirtió que ya no habían entradas para esa zona y que al ver mi camiseta, recién comprada en los exteriores del estadio, nos dijo que tenía un par de entradas para sur. Un sujeto, de aquel grupo, nos acompaño hasta la puerta de la entrada de Sur, a medida que caminábamos se nos iban acercando más y más revendedores, "un jefe", "Tengo dos pa sur", "mire nomas", "recontra barato", se hacían presentes en cada paso. Una vez que llegamos, mi padre, sacó de su billetera un par de "Quiñones" y se los entregó aquél sujeto. A cada paso que dábamos se iba escuchando un himno que hacía temblar a toda la estructura del Nacional: «Como todos los años, está hinchada está tarde a venido, para quedarse a tu lado, para quedarse contigo... Ser de Alianza es una pasión diferente que para siempre, llevo conmigo...» y el bombo y las trompetas se iban sincronizando en un hermoso ritmo. En eso salieron los jugadores al campo, se encontraban en aquél plantel aliancista figuras como: Jayo, Pepe Soto, el Chicho Salas, Butrón, Maestri, entre otros, mientras que en el cuadro rimense: el camello Soto, Bonnet, Prado, Delgado, etc.
«Corazón Alianza Lima, corazón para ganar a la Victoria volveremos para verte campeonar...»
Se iba escuchando todo el cántico del Comando Sur, tanto era la euforia que practicamente nos obligaron, a mi y a mi padre a ponernos a cantar y estar de pie todo el tiempo. En eso vino un grito que hizo saltar a toda la tribuna «Goooooooool» «Golasoooooo»
Jayo había marcado el primero para Alianza, nos poníamos en ventaja y en eso otro grito se escuchó, pero esta vez venía de la tribuna de al frente, Sporting Cristal había marcado el empate. Poco a poco los minutos iban pasando y mi ansiedad de ver que Alianza consiga la victoria se hacia incontrolable.
Llego el segundo tiempo y a los pocos minutos, Alianza lima marcó el segundo, mi emoción de ver victorioso a mi equipo comenzaba a desbordarse, luego llegaría el tercero y con eso prácticamente el triunfo era nuestro, pero faltando un par de minutos para que se acabará el partido, llegó el empate, parecía que los celestes no querían rendirse y animados por el gol del Camello, se fueron a jugarselas con todo y por todo. En eso faltando segundos para terminar el partido, llegó el descuento de Prado... El partido había acabado y Sporting Cristal había ganado. La decepción, la frustración y la cólera de sentir que el partido se nos había escapado, me había liquidado... de pronto, mi viejo, al ver mi cara de tristeza me dijo «Fue un gran partido, hijo, No importa si no ganamos, lo importante es haber venido hasta aquí para alentar al equipo, la vida es así y siempre nos da revanchas...» eso fue lo que me dijo, mi viejo, al salir del estadio. Quizás aquella tarde no entendía el significado de esas palabras, no comprendía o simplemente no quería comprender aquéllo , pero con el tiempo pude entenderlo. Aquella tarde de Setiembre del 2004, al salir del Nacional, nos fuimos a comer a una polleria cerca al Centro de Lima. Mi viejo esa tarde, sin saberlo, me dio una gran lección que no olvidaría por el resto de mi vida. Me enseñó amar pese a la derrota, pese al triunfó, a un equipo que hasta ese momento solo era una simpatía por parte mía, asimismo, me enseñó a respetar al rival, sin importar quien fuese, pero sobre todo me enseñó que el amor en el fútbol, como en la vida, nos lleva por momentos buenos, por momentos sublimes, pero también por momentos malos ó por momentos bajos.
Más tarde ese mismo año, Alianza Lima saldría Bicampeón del fútbol peruano y nada más ni menos que venciendo al Sporting Cristal y en el mismo estadio nacional.
«Así es el amor por una camiseta, así es el amor por un corazón y no hay razón alguna que pueda entenderla...»





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